Escribe: Pablo Palmieri (Especialista en Educación mediada por TIC. Profesor de Grado Universitario en Ciencias Jurídicas. Abogado)

Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) irrumpieron en el aula, lo que constituye un nuevo paradigma en la gestión del proceso de enseñanza y aprendizaje. Bajo esta perspectiva se vislumbran nuevas formas de circulación del conocimiento y nuevas funciones que debe enfrentar la institución educativa en la construcción de nuevas alfabetizaciones, que sean acordes a las nuevas exigencias sociales. Aquí se pretende dilucidar y desentramar sobre los siguientes interrogantes: ¿Qué rol ocupa la institución escuela en una sociedad caracterizada por la transversalización de las tecnologías de la información y comunicación?; y por su parte desde las prácticas docentes, ¿Cómo se pueden generar espacios genuinos de aprendizaje que fomenten las nuevas alfabetizaciones que requiere el contexto social?

La escuela, que tradicionalmente se ha constituido como institución productora de conocimiento y de circulación de la información, está perdiendo el monopolio de la transmisión del saber. Ello supone que fuera de la escuela, fuera del aula: existen conocimientos, a los que incluso Burbules los conceptualiza en la llamada educación ubicua; la que implica que los estudiantes se encuentran con situaciones de aprendizaje en un entorno ajeno o externo a la escuela. Ejemplo de ello es el auge de los profesores que dictan clases por Webs para la distribución y difusión de videos (profesores Youtubers, como los llama Mariano Fernández Enguita) o sitios de Internet donde docentes independientes dictan cursos online de diferentes ramas del conocimiento.

Desde esta perspectiva, se deben concebir nuevos espacios de aprendizaje, interpelando a los sujetos intervinientes en el proceso de enseñanza, a resignificar las TIC como herramientas que fomentan y desarrollan conocimientos y habilidades que resulten significativas en los contextos actuales. Es una tarea compleja que debe estar acompañada de políticas públicas destinadas a propiciar estos nuevos modos de circulación del saber y que permitan a la escuela, adaptarse y aggionarse a la llamada «Sociedad del Conocimiento».

Para comprender el lugar que ocupa la institución «escuela» en estos tiempos y, siguiendo los lineamientos de Martín Barbero, corresponde analizar la mutación que han sufrido los distintos actores que intervienen en el proceso de enseñanza – aprendizaje. Se puede decir que la concepción tradicional del rol de la escuela ha entrado en crisis luego de la transversalización de las tecnologías en la vida de las personas. Ello genera que el saber o el conocimiento circulen por fuera de las fronteras del aula y ya no sea monopólicamente exclusivo de los libros y la escuela, en razón a que la información se encuentra descentralizada en nuevas formas de circulación, lo que no implica la exclusión y pérdida de prestigio del libro y la escuela.

En suma, el surgimiento de las Tecnologías de la Educación y la Comunicación, representan un punto óbice en la determinación de nuevas formas de concebir el acto de enseñar y aprender, teniendo en cuenta el surgimiento de nuevas formas de circulación, producción y formas de acceder a la información. Es aquí en donde las TIC constituyen determinantes para la configuración de un nuevo escenario educativo. Por ello, debe considerarse a la Escuela, no como una mera transmisora de información a través de lecciones magistrales de sus docentes; sino que debe ocupar un rol mucho más activo y complejo, esto es mediante el desarrollo de una actividad institucional orientada a la construcción de las competencias y habilidades, que los estudiantes requieren para desenvolverse con soltura en una sociedad del conocimiento y con convergencia de las TIC.

La construcción pedagógica de la Escuela frente a estos escenarios mediados por TIC, no se constituye mediante el aporte aislado de los integrantes de un Centro Educativo, sino todo lo contrario; se forma a partir de un quehacer diario de todos los actores que la integran (equipo de gestión directiva, docentes, estudiantes y familias). A propósito de ello, para que la Escuela pueda asumir con total responsabilidad el compromiso de educar en el contexto descripto supra, se requieren de acciones estatales concretas de acompañamiento a la educación y orientadas a la inclusión digital.

Concluyendo sobre el rol de la institución «Escuela», debe manifestarse que la misma tiene que asumir un rol protagónico en la formación de estudiantes situados en una sociedad del conocimiento; por lo que deberá reconocer a las TIC como herramientas para el desarrollo de las capacidades y habilidades de los educandos, bajo un paradigma inclusivo y orientado hacia la cultura digital. Este nuevo rol de la escuela tiene que caracterizarse por ser dinámico, adaptable y mutable conforme las nuevas exigencias tecnológicas, culturales y sociales lo vayan requiriendo.

Una vez reconocido el nuevo rol que le ocupa a la escuela, dadas las condiciones sociales, tecnológicas y culturales actuales; corresponde repensar sobre la actividad docente y su gestión de la planificación de clases, teniendo en cuenta que es sujeto esencial en el proceso de enseñanza y aprendizaje. El profesor debe salir de su zona de confort e innovar mediante prácticas educativas genuinas y que fomenten en desarrollo significativo de capacidades y habilidades en los estudiantes. En principio no pareciera una actividad difícil o compleja, sin embargo, requiere todo un cambio de paradigma acerca de la función docente.

Los estudiantes deben ser capaces de actuar con soltura en la sociedad actual, para ello, desde la premisa que el docente debe formar y enseñar, debe hablarse de las nuevas alfabetizaciones, y a su vez incorporar el concepto de inclusión a las prácticas docentes. Alfabetizar resulta ser con término cambiante, así señala Emilia Ferreiro, cuando postula que la persona alfabetizada es aquella capaz «de circular entre las prácticas sociales que definen la cultura escrita».

La alfabetización, no es un concepto estático, sino todo lo contrario. Ésta es adaptable a las circunstancias de tiempo y lugar, del contexto social, tecnológico, económico y productivo. Ergo, no es igual la alfabetización de años o décadas pasadas, que la de la actualidad, porque el sustento axiológico de la misma varía conforme las necesidades sociales. Con el auge de las nuevas tecnologías y su irrupción en el mundo de lo educativo, se han generado nuevas condiciones y requisitos para que un sujeto se considere alfabetizado han mutado, adaptándose éstos a los nuevos contextos tecno-sociales.

Desde esta perspectiva, el primer paso que todo docente debe tomar para la mejora continua de sus prácticas en la enseñanza es el reconocimiento de que los estudiantes necesitan adquirir habilidades para desenvolverse en esta sociedad de medios. Es necesario que el educador asuma que cumple un importante rol en la construcción de esas capacidades y habilidades, coadyuvando la reducción de la brecha digital entre los jóvenes y la tecnología.

En este proceso de desarrollo de capacidades de los estudiantes, de reducción de la brecha digital y la creación de espacios genuinos de aprendizajes; la incorporación de las TIC a la planificación áulica es óbice para la construcción de conocimientos contextualizados en la sociedad del conocimiento. Por ende, el docente tiene que propiciar la incorporación de múltiples formatos de lenguajes y tecnologías digitales, que permitan al alumno vincular lo que aprende en clases, con elementos de la realidad en la que vive. Para cumplimentar con ello, el educador debe innovar de manera tal que las TIC sirvan para el enriquecimiento de sus clases y para potenciar la experiencia de aprendizaje, aprovechando los recursos existentes, a través de una gestión y planificación ordenada, que permitan la convergencia entre tecnologías, desarrollo curricular y habilidades.

La planificación de una clase es la actividad pedagógica que permite al profesor resignificar y utilizar las TIC como herramientas orientadas a la construcción del conocimiento. Debe señalarse que el uso de las tecnologías en el aula no debe desvirtuar los contenidos, habilidades y capacidades que se pretenden desarrollar en el estudiante, sino que debe utilizarse como un recurso didáctico alineado a tales fines. Es imperativo para el educador enseñar a los estudiantes a aprender, reflexionar, entender y criticar a la sociedad en la cual está inserto. En definitiva, las TIC en la generación de espacios de aprendizajes genuinos resultan de indiscutible valor, por varias razones: propician y estimulan situaciones de aprendizaje, son flexibles, y enriquecen la labor docente.

Para concluir y vincular ambos interrogantes planteados al principio del artículo, puede afirmarse que el rol de la escuela en la sociedad del conocimiento y las prácticas docentes, son cuestiones que caminan de la mano. Desde la institución «Escuela», se debe forjar el cambio de paradigma y propiciar la caracterización de un nuevo modelo educativo tendiente al reconocimiento de las nuevas habilidades y capacidades que los estudiantes requieren, en base a nuevas alfabetizaciones que permitirán a los educandos desenvolverse en una sociedad cambiante, compleja y transversalizada por las tecnologías. Por su parte, los docentes deben acompañar este cambio de rol, mediante una planificación responsable de sus prácticas educativas, integrando las TIC como recursos didácticos que permitan estimular el proceso de aprendizaje; de manera tal que los estudiantes desarrollen destrezas y conocimientos significativos para entender críticamente en contexto en el cual se encuentran situados. Aun así, todo ello será posible mediante políticas de estado que reconozcan las características y coyunturas socioeducativas actuales, y que se traduzcan en acciones tutelares efectivas tendientes a reducir brechas existentes y a la formación de ciudadanos críticos, insertados en una Sociedad del Conocimiento.

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