Aún sin fecha de vuelta a clases, los preparativos de parte de las distintas esferas del estado comenzaron a organizarse a través de la construcción de modelos que van enriqueciendo y adecuando según las características de cada región, distrito y establecimiento.

Ya hay un protocolo nacional aprobado por el Consejo Federal de Educación y se sabe que la vuelta a las aulas no será una más y que muy probablemente las escuelas y sus cursos no serán los mismos, no sólo por sus formas y modos de funcionamiento sino también porque los actores educativos, docentes y estudiantes, llegarán con sus propias historias forjando “nuevas experiencias”.

Aunque aún no se sabe exactamente cuándo será el regreso de los docentes y de los  estudiantes a las aulas, sí hay una certeza: la escuela no será la misma después de la pandemia. Todos los cambios que impuso la cuarentena obligatoria y que se lograron en tiempo récord, dejan seguramente muchos aspectos positivos a reconsiderar, para aprovechar y aprender, y también grandes dilemas: cómo lograr achicar la brecha educativa que se volvió tan evidente en estos tiempos, esa desigualdad ya existente que se ha visto potenciada.

Pensar y construir otros paradigmas desde el “nuevo estudiante” que vuelve a las aulas, cuál será el rol de la escuela y cómo responderá frente a estas nuevas realidades, si habrá una reconversión en sus rutinas diarias, en las funciones de sus actores… son algunas de las preguntas que surgen al momento de pensar en la reapertura de los edificios escolares y la vuelta de los actores al sistema educativo; creyendo que si hubo cambios en estos tiempos los mismos deben servir para que las situaciones futuras también cambien y no sean meras reproducciones de lo que ya teníamos.

En un contexto que será complejo, con familias golpeadas por la crisis y con un considerable porcentaje de estudiantes que quedaron al margen de la virtualidad y que en muchos casos no contarán tampoco al momento del regreso a las aulas con esos dispositivos tecnológicos, serán algunos de los desafíos a sortear.

Evitar el aumento de la deserción escolar, propender de alguna manera a la universalización de la tecnología y apostar a la autonomía de los estudiantes debería ser algunos de los puntos salientes, a partir de lo que ha expuesto esta pandemia, dentro de las metas a trabajar. Si algo expuso este período, además de las grandes disparidades a las que potenció, es  la importancia de lograr un trabajo autónomo por parte de los estudiantes, de que los niños y jóvenes aprendan a aprender.

Que los estudiantes aprendan a organizar sus tiempos, a planificar cómo abordar sus tarea y desarrollarlas, comprender consignas… en fin, lograr esa autonomía que les posibilite desprenderse de la necesidad de que un tercero les organice esos aspectos y desarrollarlos uno mismo, parece ser otra de las tareas a las que valdrá la pena dedicarle tiempo.

En la vuelta a clases se percibirá seguramente una profundización de las desigualdades. Las acciones estatales, tales como creación de plataformas, entrega de cuadernillos, distribución de netbooks, con pretensión de evitar este aumento de la inequidad parecen ser, frente a esta coyuntura, un paliativo, un progreso, que no compensa las condiciones de los más desfavorecidos.

Un protocolo nacional, una espera provincial… ¿y local?

Comenzado el mes de julio fue aprobado, por unanimidad, el protocolo nacional para la vuelta clases, participaron ministras y ministros de Educación de las 24 jurisdicciones y así quedaron definidos lineamientos obligatorios y recomendaciones generales.

Cada provincia, en base a esos lineamientos, podrá elaborar planes progresivos, según cada necesidad y particularidad, siempre y cuando se garantice la seguridad del retorno a las aulas.

El protocolo nacional prevé exigir a los establecimientos educativos una readecuación previa de las instalaciones y de capacitación de todo el personal. Así, deberán asegurar acceso a agua potable, jabón, toallas de papel descartables, alcohol en gel o líquido al 70°, en todas las instalaciones.

Se plantea, como fundamental, la adecuación de las aulas y espacios comunes para lograr el distanciamiento físico necesario, se propone que las escuelas diseñen un esquema de grupos áulicos integrado por niños o jóvenes de similares barrios. Será obligatorio desde los primeros grados el uso de tapabocas, no así para nivel inicial y uno de los grandes desafíos que plantea la vuelta a clases es el uso del transporte público. Cada distrito deberá desarrollar un plan de transporte que garantice una mayor frecuencia de colectivos para evitar las aglomeraciones en la hora pico.

Estos lineamientos, entre otros que se van conociendo, son los que ninguna provincia puede obviar en la vuelta a clases presenciales. El gobierno provincial, al participar de la aprobación del protocolo nacional, está al tanto de la cuestión y debe ir definiendo las acciones a seguir dentro de su territorio.

Delia Provinciali, Secretaria de Educación de nuestra provincia, dijo para esta presente edición (ver páginas 12 a 15) que el regreso a las aulas se piensa desde tres dimensiones: “cómo garantizar las medidas de bioseguridad y las recomendaciones sobre el cuidado sanitario para que la escuela siga siendo el ámbito de protección para nuestros estudiantes y docentes (…)”.

La segunda dimensión es la socioemocional, “(…) cómo recuperamos la experiencia vivida en el aislamiento social obligatorio (…)” y la tercera es la pedagógica que, al entender de la secretaria “(…) obligará a reconstruir la experiencia acumulada en este  tiempo de  funcionamiento remoto, para recuperar los aprendizajes logrados e identificar los pendientes que nos permitan elaborar colectivamente con cada equipo directivo y docente, un plan curricular de carácter provisorio que ponga el eje en los contenidos irrenunciables para cada grado o curso, según corresponda, recuperando la palabra de nuestros estudiantes y de los modos en que fueron aprendiendo (…)”.

En una recorrida virtual, de audios y mensajes con distintos actores del sistema educativo pudimos saber que, en relación a estas tres dimensiones, ya existen escuelas en nuestra ciudad que a través de su equipo directivo estarían trabajando en la elaboración de un informe (borrador) que dé cuenta de las condiciones: posibilidad o imposibilidad, fortalezas y/o debilidades, oportunidades y amenazas en torno a la apertura de los establecimientos educativos.

Algunas variables de análisis que se tendrían en cuenta en estos informes pasan por  considerar diversas situaciones: disponibilidad de agua segura, condiciones edilicias (que garanticen el cumplimiento de la higiene), aulas disponibles para clases (considerando cantidad/dimensiones/matrícula para cada espacio), cantidad de accesos al establecimiento (pensando en la circulación: ingreso/egreso), servicios Paicor (modalidad del servicio, espacio disponible, cantidad de agentes, cantidad de estudiantes por turnos), posibilidad de limpieza constante (cada dos horas con productos acordes) y transporte que utilizan docentes y estudiantes.

De esta manera, el protocolo sanitario será revisado y adaptado por cada institución educativa en función a su contexto y su comunidad. En lo referente a las medidas de bioseguridad y cuidado sanitario, esta revista pudo conocer que desde la provincia hicieron saber que esta dimensión será aborda por los municipios, a través del Fondo para la Descentralización del Mantenimiento de Edificios Escolares Provinciales (FODEMEEP), cuestión que no habría caído muy en gracia porque desde la provincia se estaría adeudando, según fuentes extraoficiales, las partidas posteriores al mes de diciembre 2019.

Por lo pronto, y con absoluta certeza, se sabe que la Secretaria de Educación Provincial  emitió el Memorándum 08/2020 que propone destinar los dos primeros días posteriores al receso escolar (lunes 27 y martes 28 de julio) para realizar encuentros virtuales de cada Supervisor (Inspectores/as) con los directores de su jurisdicción y luego, de los directivos  con sus equipos docentes, con el objetivo de revisar lo realizado y diseñar de manera conjunta, el tiempo que sigue.

“Ya nada será igual, ni siquiera parecido”

Diálogos, encuentros virtuales, mensajes, audios y videoconferencias, sirvieron a esta revista para establecer contacto con múltiples actores del sistema educativo y conocer más de cerca la realidad que los atraviesa.

Una de las fuentes consultadas fue Mónica Scarafía, directora del IPET Nº 49, Escuela del Trabajo, quien al definir los tiempos actuales, y observar planteos y miradas que desde distintos sectores se vienen haciendo, respecto de la vuelta a clases, dijo: “Aulas/burbuja, protocolo, clases rotativas, recreos escalonados, clases discontinuas, aulas con pocos estudiantes, menos horas de clases presenciales, medidas de sanitización. Son frases que se escuchan a diario cuando se piensa, y con mucha intensidad, el regreso a la escuela física. Pero nada se escucha acerca de lo que atraviesa a estudiantes, docentes y familias. En el viaje interior se ven caminos de angustia, incertidumbre, ansiedad, miedo, emociones encontradas”.

La pandemia ha potenciado todos los escenarios preexistentes, tanto en estudiantes como docentes, y en aquellos que alguna dificultad ya existía no sorprende observar que la misma haya tomado otras dimensiones. “Estos meses transitados desde el 15 de marzo hasta la fecha, no fueron fáciles. Docentes, estudiantes y familias inmersos en un nuevo escenario. Unos, duplicando los esfuerzos, y a veces sin las herramientas tecnológicas necesarias, y otros sin la didáctica pertinente para ayudar a sus hijos”, afirmó Scarafía y continuó aseverando: “la permanencia del coronavirus podría prolongarse por más tiempo. O al menos, hasta que exista una vacuna. Por ello, la “normalidad” no será la que considerábamos regular hasta hace algunos meses, un ámbito aún con mucha incertidumbre es esta vuelta a clases”.

Un regreso que plantea muchos interrogantes, que es observado desde la sociedad toda y que genera preocupación respecto del plan que se tendrá, de los cuidados y de la exposición a la que estarán sujetos docentes y estudiantes.

“¿Cuándo volver y cómo? Es el talón de Aquiles que deberá resolver el Ministerio de Educación conjuntamente con el Ministerio de Salud. El “cómo volver”, es el interrogante hoy para muchos de nosotros. Se trata de un tema que se está discutiendo mucho y todavía no hay claridad absoluta en cómo se deberá hacer. No hay un plan claro, no hay una estrategia escolar post-pandemia”, enfatiza.

“Lo que sí está claro, es que se deberá aceptar la idea de que habrá gran diversidad de situaciones; convivencia de clases virtuales y a distancia, con clases presenciales en la escuela física. Fortalecimiento de las prácticas de enseñanza y aprendizaje a distancia ya que el distanciamiento social tendrá que continuar para no exponer la salud de los estudiantes ni de los docentes, será una tarea ardua, porque los abrazos también se extrañan”, explico la directora del IPET Nº 49.

La socialización no será una tarea sencilla, las “secuelas” de la pandemia y el regreso a las aulas dará lugar, seguramente, a un fluir de sensaciones y emociones que complejizarán el escenario y expondrá la existencia de un otro que probablemente no sea el mismo que se dejó de ver luego de la primera quincena de marzo.

“Nos preguntamos cómo enfrentar como escuela la socialización de los estudiantes; estudiantes extrañando el contacto físico, estudiantes y docentes extrañando el apretón de manos o el abrazo afectuoso. Seguramente se tendrá que canalizar a través de una nueva perspectiva de vida, con concientización para evitar el contagio y la propagación del virus. Es en este cambio de actitud, en esta nueva realidad, en donde los docentes tendremos un nuevo desafío a la vez que tendremos que reinventarnos nuevamente, y allí vendrán los cambios de roles de cada cargo y función. Cada actor institucional deberá correrse de su zona de confort para continuar, a través de un trabajo colaborativo y comunitario, enseñándoles a los estudiantes a “aprender a aprender”, en donde cada estudiante reconozca sus habilidades y capacidades y pueda plasmarlas en un proyecto propio”.

“Ya nada será igual, ni siquiera parecido. Cambian los escenarios y el rol de los actores. El acto de aprender se ve resignificado en esta nueva escuela híbrida: virtual y física. La escuela que debe estar siempre para ayudar a los estudiantes a crecer intelectual y emocionalmente. Hablamos de cambios y no de pérdidas, nunca será una pérdida si pensamos en que ganamos con la empatía, con el trabajo colaborativo, con la mirada hacia los costados y hacia el otro, y ya no con una mirada puesta en los objetivos personales”, concluyó Scarafía.

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