Escribe: Julia Hernández (Licenciada en Psicología)

El encuentro con lo real, aquello inexplicable, difícil de nombrar, en cuanto se trata de una nueva enfermedad sobre la que no se tienen conocimientos, repercutió en cada subjetividad y a su vez, en cada sociedad y su modo organizacional. El COVID-19 nos enfrentó a la muerte y movilizó a buscar los modos de cuidarnos y cuidar al otro, en todo el mundo.

Siempre el encuentro con lo nuevo, lo desconocido, nos vulnera, nos angustia. No teníamos demasiadas representaciones previas, para poder localizar aquello que implica una pandemia mundial. A nivel nacional se tomaron medidas preventivas, intentando capitalizar los abordajes que hicieron otros países del mundo. Esas determinaciones dieron un encuadre, que nos permitió funcionar con algunas referencias, pero haciendo patente la necesidad de modificar la rutina, lo instaurado, lo que nos hace sentir seguros.

Los docentes, como sujetos que habitan y cumplen funciones determinantes en nuestra sociedad, se vieron interpelados, como todos, por el encuentro con este real. A la incertidumbre a nivel personal, familiar y el cambio de hábitos por las medidas preventivas, se sumó el desafío de re-pensarse en su función, buscando nuevas modalidades posibles, que logren acercar los aprendizajes a cada estudiante.

Los docentes, de todos los niveles de enseñanza, tienen a diario una gran responsabilidad frente a las aulas. En este período se sostuvo la responsabilidad, pero debiendo reinventar estas aulas en plataformas virtuales. Lo que demandó deconstruir pautas instauradas, modificar las estrategias pedagógicas y didácticas, replantear los tiempos, revisar los contenidos, investigar nuevos recursos tecnológicos y aprender sobre ellos. Medios tecnológicos que tienen sus limitaciones y marcan diferencias socioeconómicas, culturales y generacionales. Desafío para sostener el aprender todos juntos, que llevó a los docentes a buscar modos de favorecer y proteger los vínculos, creando diversas vías de comunicación. Sabiendo que lo vincular es fundamental para todo aprendizaje.

Esto ameritó un gran esfuerzo de los equipos directivos en la gestión, docentes, equipos de orientación, personal de secretaría y administración. Esfuerzo que no fue sin angustia, dudas, incertidumbre y muchas más horas de trabajo, que dio por resultado la invención de nuevas instancias posibles, en constante revisión.

La función docente, en este periodo de confinamiento, demandó de una entrega aún mayor. No se instaura pausa entre buscar material, articular con colegas, crear las clases y las propuestas didácticas, realizar devoluciones de retroalimentación, comunicarse con los estudiantes y sus familias, responder consultas, aprovechar las instancias de formación docente por medios virtuales y volver a comenzar. Lo que genera un gran desgaste psíquico, elevando los montos de estrés, sin posibilidad de tramitación en otras actividades, suspendidas por el necesario aislamiento social. Pero también, en cada conquista del nuevo territorio virtual, en cada triunfo de la inclusión, en las muestras de interés, demanda y/o compromiso por parte de los estudiantes, se materializó la satisfacción de seguir viabilizando aprendizajes.

A nivel social, uno de los saldos que quizás deje este momento histórico, sea resignificar el lugar docente. Las familias pudieron conocer y valorar la especificidad de su tarea, con el compromiso ético que la caracteriza para que todos puedan acceder, hacer y aprender. También se revalorizará la escuela, como institución que sienta las bases de toda sociedad, en tanto busca formar ciudadanos impartiendo conocimientos, pero fundamentalmente valores para la construcción de un bien común.

Si hubo un sentir general en este tiempo, fue la añoranza de encuentro, de re-encuentro. El estar con otros, y compartir, tomó un valor que antes no tenía, porque eran instancias que se naturalizaban. Y la escuela es eso, un lugar de encuentro que incluye a todos. Quizás el desafió más grande de los docentes fue la invención de una modalidad de enseñanza y aprendizaje, que prescinda del encuentro, sabiendo que es un punto imprescindible. Pero están y estuvieron, y esa presencia a partir de la palabra, que hoy se brinda a la distancia, sigue buscando generar efectos subjetivantes en los estudiantes. Presencia a la distancia que, aun así, acompaña. 

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