En la Argentina hay cerca de 21.000 escuelas rurales donde cursan sus estudios alrededor de un millón de estudiantes, según el último relevamiento del Ministerio de Educación de la Nación (2018).

Al ser un país federal, cada provincia es autónoma en la forma que aplica la LNE y eso abre enormes brechas de desigualdad entre una y otra. El presupuesto que cada gobierno provincial destina a las escuelas varía enormemente, así como la inversión que realizan en infraestructura y comunicación. Lo único que iguala a todas las escuelas rurales del país es el compromiso, el esfuerzo y el amor que ponen sus maestros.

Claro que no todas atraviesan las mismas realidades y que muchas, al menos en nuestra provincia, han logrado avances significativos. Durante este tiempo de pandemia también han tenido que dar respuestas a sus estudiantes, sorteando iguales inconvenientes que las demás instituciones escolares y por momento respondiendo a otras complejidades.

“El futuro se está escribiendo…”

La Escuela “Rosario Valentina Navarro” está ubicada en la zona rural de Tío Pujido, aproximadamente a 13 km del pueblo. Es una escuela rural pública, de Personal Único (PU), que se solventa con la cuota social de las familias y el gran apoyo de la Municipalidad de esa población y la Cooperativa de Servicios Públicos, Vivienda y Crédito.

La directora, Eliana Rosales, cuenta que la escuela posee “servicio de Internet en el edificio escolar, y una matrícula de 6 niños de nivel Inicial y Primario, los cuales concurren a la institución de forma particular. Son niños que participan de diversas actividades, que con esfuerzo de la familia han podido realizar diferentes viajes educativos (…); desayunan en la escuela y cumplen el horario de 8 a 12 horas, sin contar aún con Jornada Extendida. Previo a la disposición de la cuarentena se solicitó los campos de Ingles y Teatro, lo cual quedo todo a la espera”.

Haciendo referencia a estos tiempos de cursado, de “escuelas abiertas y edificios cerrados”, Rosales señaló que: “Entendiendo al aislamiento social como una medida preventiva y con la potencia de volverse en una fuerza de cuidado colectivo, como escuela tenemos la responsabilidad de instalar de manera inmediata un anhelo esperanzador: volvernos a encontrar de otra manera y en conjunto” y agregó: “afirmar y sostener la idea de transitoriedad en dicho aislamiento es prioridad, calmar la ansiedad sabiendo que las medidas, cuando las autoridades lo consideren posible, se levantarán. Y es desde este lugar, que se abre un campo de posibilidades para mantener el sentido de la escuela: Hablar con la familia lo cual se hace de manera más directa, explicando los medios de comunicación que se considerarán, por medio de llamadas o grupos de WhatsApp”.

Así se fue configurando un nuevo modo de trabajo, de llegar a los estudiantes y facilitarles el acceso a las actividades respectivas, sin desconocer que algunos de ellos podían tener inconvenientes en lo que el acceso a las tecnologías o conectividad se refiere.

“Al principio de la cuarentena se entregaron a los estudiantes cuadernillos para trabajar, fue todo de un día para el otro, por lo que tuvimos que, no solo yo sino todos los docentes, crear otra forma de dictar clases y al no poder asistir nuevamente a la escuela ni poder llegar con los cuadernillos lo hacían por mensajes de WhatsApp, lo que se dificultaba mucho para las lecturas ya que ellos no pueden descargar los documentos, solo cuentan con un celular y en varias familias uno para todos. Tuvimos que ver la posibilidad entonces, que semanalmente les llegara el material, lo cual lo hacemos a través de la patrulla rural, en mi caso que soy de Villa María lo pasan a buscar y lo entregan a cada familia, es un gran trabajo lo que hacen y como nos apoyan”, reconoció Rosales.

A las dificultades tecnológicas se la suplanta por el envío de cuadernillos que toman referencia de los que en espacios virtuales se pretende trabajar. Los chicos “reciben los cuadernillos de La Plataforma Virtual de la Provincia, los cuales son adaptados algunas veces a la realidad de la zona e impresos”, cuenta Rosales y afirma: “las plataformas virtuales se convierten en una herramienta útil y permiten un anclaje, un espacio, que inaugura un canal novedoso, que a su vez implica situarse en el contexto de las familias, no todas tienen conectividad en su hogar. Así como los docentes aprendimos de un día para otro otra forma de enseñar, la familia también tomo una postura positiva aunque con muchas dudas o vergüenza a preguntar, en algunos casos se retrasan con las actividades, por lo que continuamente se está en contacto”.

Son tiempos diferentes y con necesidades distintas, donde las problemáticas del contexto pueden verse acentuadas y perturbar, en parte, el normal desenvolvimiento del estudiante, quien requiere lógicamente de algún tipo de acompañamiento. “En este tiempo no tenemos horario de enseñar, es todo el día a disposición de los alumnos y entendiendo la realidad de cada familia debemos sacar dudas y resolver de manera conjunta, por medio de videos llamadas, mensajes, fotos, videos, audios”, respondió Eliana.

Las necesidades están y, al decir de la directora de la institución, la familia se preocupa e involucra en el intento de sortear estos tiempos de la mejor manera posible. “ (…). Los padres no somos maestros y no debemos serlo, sólo acompañamos a nuestros hijos a cumplir con una responsabilidad; no carguen con ese momento de amenazas, de enojos, de cuestiones forzadas, apelen a las razones de ¿por qué está bueno aprender?, ¿por qué es importante investigar y cuestionarse las cosas de la vida? Esta tarea está signada por la tecnología y nos invita a hacer las cosas con la premura que nos propone la inmediatez, sin embargo los aprendizajes no deben ser apresurados, por el contrario, necesitan tiempo y espera”.

La familia junto a la escuela viene dando respuestas, el entorno familiar asiste a este proceso, es participe de la enseñanza y aprendizaje de sus hijos, “está haciendo su mayor esfuerzo, acompañando muy bien a los niños La escuela esta activa, los docentes trabajamos, tenemos encuentros virtuales con la supervisora de la zona, los niños estudian, aprenden, juegan, de otra manera, lo que está cerrado es solamente el edificio”, aseveró Eliana y reflexionó: “el futuro se está escribiendo en estos días y en la crisis se abren nuevas oportunidades: la necesidad de reforzar la solidaridad, construir nuevos vínculos entre los ciudadanos, nuevas reglas para evitar la inestabilidad social… la escuela como la historia lo indica cumple y cumplirá un rol central”.

Garantizar el derecho a la educación

Las escuelas rurales se extienden a lo largo de toda la provincia, con realidades similares vienen trabajando desde hace ya más de dos meses y seguirán haciéndolo hasta que se determine el cese de la cuarentena.

Esta revista, mantuvo contacto también con María José Escola, docente del Centro Educativo “General Manuel de Escalada” (Paraje La Carbonada – Córdoba), institución de Nivel Primario que cuenta con una población de 12 estudiantes que provienen de la zona rural cercana. En su mayoría, las familias se dedican a tareas rurales, tienen sus necesidades básicas cubiertas, algunas con mucha austeridad pero tratando siempre de ser parte en la escolaridad de sus hijos, quienes desayunan y almuerzan en la escuela.

Claro que la pandemia trastocó toda realidad social, pero no lo fue tanto para esta institución; “si bien el aislamiento provocó cambios en el modo de relacionarnos, el comunicarnos a través de grupos de WhatsApp  nos resulta familiar y estamos habituados, ya que en épocas de lluvias continuas los caminos rurales se anegan y las clases son dadas a través del mismo sistema. Este aislamiento sí posibilitó una mejora en la  comunicación familia-escuela”.

La conectividad sigue siendo un problema de todos los estudiantes y no es ajeno a los de esta institución, que busca sortear el inconveniente recurriendo a “cuadernillos y fotocopias que los chicos retiran de la escuela el día en que buscan sus Módulos Alimentarios. El acceso a las plataformas, tanto de Provincia como de Nación, es a través de la selección de actividades realizadas por los docentes, que garantizamos el acceso a los Aprendizajes y Contenidos Fundamentales”.

El proceso de enseñanza- aprendizaje, aunque con modificaciones, se viene desarrollando, se envían trabajos, se realiza un seguimiento de los mismos, acompañando los estudiantes en la elaboración y realizando posteriormente una observación de lo trabajado por cada niño.

“La evaluación, sin presencialidad, está enfocada a los procesos que podemos documentar en nuestros estudiantes, a través de las devoluciones de las actividades dadas y que las familias envían, ya que los niños no poseen teléfonos propios (…)”, afirmó María José previo a decir que “el acompañamiento de las familias es muy comprometido y en caso de familias con dificultades organizativas los docentes tratamos de seguir buscando alternativas a esa realidad para garantizar el derecho a la educación, en este contexto de aislamiento, logrando un vínculo más cercano”.

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