ESI: una mirada para construir desde la horizontalidad

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¿Cómo construir una ESI con niños, niñas y adolescentes? Reflexión sobre la enseñanza de la ESI y alerta sobre el enfoque adultocentrista.

Escribe: Rocío Vanerio. Profesora en lengua y literatura. Diplomada en prevención de violencia de género y trata de personas por la Universidad Nacional de Villa María. Diplomada en Educación Sexual Integral por la Universidad Nacional de San Martín.

Entender la Educación Sexual Integral se trata de, en gran medida, explorar la experiencia propia, volver a pasar por ella y, lo más complejo tal vez, cuestionar cada parte.

No podríamos transitar una capacitación en Educación sexual integral sin volver a nuestras trayectorias escolares ¿Cómo no acordarte de esos rincones del jardincito donde no podías jugar porque eras nena/nene? ¿Pensaste en todos los esfuerzos y cambios que hiciste para pertenecer a un grupo que, igual, mucho no te gustaba? ¿Te animaste a decirle a tus compañerxs que dejen de reírse de la gorda o el gordo del curso porque era hiriente? ¿Vos también te acordás cuando se incomodaron por tu compañera que menstruó por primera vez en hora de clases? ¿Le dijiste a tu amigo varón que deje de compartir en grupo todo lo que hacía con la chica con quien empezaba a salir? ¿Ayudaste a tu compañerx que intentaba salir del clóset o le cerraste la puerta y le señalaste hasta el último año? Volver sobre nuestra biografía e interpelarnos es sustantivo.

Llegada una determinada edad o alcanzado cierto objetivo de vida, tal vez sin saberlo, empezamos a pensar y considerar todo lo que nos rodea desde un enfoque adultocentrista y perdemos mucha de la perspectiva adolescente y más aún de los modos de vivir la niñez.

El adultocentrismo nos sumerge en océanos espejados que son en realidad aguas apenas más profundas que las que nadábamos años atrás, pero el efecto permanece. Nos olvidamos de cómo experimentábamos el mundo sin dejar de saber que la vivencia era un tanto diferente pero, como la edad prima, reproducimos e intentamos educar a las futuras generaciones desde un modelo que tiene como ejemplo y referencia a las y los adultos, sus (nuestros) ideales, credos, creencias, costumbres, hábitos y experiencias, pero no adaptados y secuenciales a las etapas del desarrollo, sino bastante estáticos y unívocos. Bueno, pero ¿cómo construir con niños, niñas y adolescentes desde la unilateralidad? Absurdo.

Necesitamos incomodar el esquema adultocentrista en que hemos vivido durante gran parte de la historia humana y abrir la perspectiva unos grados más, incluyendo a quienes quedan al margen en este juego de egos adultos, a quienes necesitan y gustan de adquirir saberes relacionados a esa miscelánea de situaciones, sensaciones y sentires que van apareciendo progresivamente en las diferentes etapas del crecimiento: construir en horizontal.

Cuando hablamos de ESI aparecen los miedos. Miedos adultos, los más, de mayores que cargan todo contenido con significados que ya fueron construyendo a través de años y años de vivencias. Tenemos miedo de nombrar las cosas, de algunas escenas en las series, de las preguntas que vienen con eso.

Recordemos aquí que la niñez no concibe tecnicismos científicos ni específicos porque no le hacen falta, simplemente las cosas van sucediendo, apareciendo y fluyendo según dicte el contexto. Incluso los discursos eróticos surgen mucho más tarde de lo que creemos y aun así seguimos censurando la posibilidad de hablar de genitalidad y cuidado del cuerpo en los primeros años sin imprimirle el tabú de que se convierta automáticamente en una referencia sexual.

Y todo esto significa que la forma puede ser la misma pero el fondo no supone el mismo contenido para cada edad cronológica. Suena adultocéntrico incluso, pero es la mirada que nos falta.

Cuando fuimos niñxs, por ejemplo, solíamos enterarnos de que algo “estaba mal” por los silencios incómodos, cambios de canal, enojos y omisiones de nuestrxs mayores y casi siempre todas esas situaciones tenían que ver con una cuestión ligada a la sexualidad y en gran medida fue la forma en que aprendimos a no hablar del tema, o bien, a siempre hacerlo entre amigxs y después buscándolo en internet.

Necesitamos hacernos conscientes de que cuando una pregunta surge es porque se está preparadx para recibir su respuesta y la respuesta que, se espera, siempre será una información en la cual confiar, si le quitamos a la oportunidad de la pregunta la posibilidad de una respuesta confiable o si, en extremo, optamos por dar como respuesta un silencio o una censura, como adultxs nos estamos sacando una responsabilidad de encima.

Pero ese no es jamás el final de la curiosidad y ahí viene internet, el multiverso o pozo ciego más infinito que conocemos. En internet siempre hay un más allá, una búsqueda sucede a otra y en un mundo ideal los datos precisos aparecen rápido, pero en la adolescencia a veces se encuentra lo que a cada quien le parece mejor, adaptado a sus expectativas. Si bien hay quienes obtienen “lo que se espera” también hay un mundo de sitios web apuntados a lo erótico y más allá que solo reproducen un esquema de estereotipos de cuerpos, comportamientos, (no) afectividad, cosificación y eliminación del consenso, entre otras cuestiones de reproducción machista.

Porque vivimos en un mundo machista y debemos trabajar sobre el machismo, esa sustancia del sistema patriarcal aún vigente que por muchísimos años reprodujo un entramado de dominaciones traducidas en diversos tipos de violencia, sumisión y opresión hacia mujeres, disidencias y varones que se salen de los límites del estereotipo. La ESI nos invita y nos ocupa en la tarea de deconstruirnos, de entendernos dentro de una sociedad todavía heredera de mandatos y sesgos patriarcales y, como menester principal, a vincular en esos procesos una relación estrecha entre escuela y familias.

El consenso entre la institución familiar y la institución escolar es sumamente valioso y, a su vez, complejo de alcanzar en su totalidad. En la tarea diaria desde las escuelas nos encontramos con familias que no temen al tabú y han naturalizado el “sentarse a hablar de ciertas cosas” y de alguna forma agradecen que el espacio para eso esté propiciado en la escuela; las hay familias a las que les cuesta la idea y necesitan conocer los procesos y contenidos para cada nivel; y otras que se oponen con fuerza a la enseñanza de la ESI en un marco ajeno al seno familiar.

Lo cierto es que muchas veces se desconocen los ejes principales que busca indagar, los saberes que implica en cada etapa y se puede caer en una oposición basada solo en otro miedo adulto generando, incluso, movimientos ideológicos, como es el caso de “Con mis hijos no te metas”.

Podemos (re)aprender acerca de la perspectiva de género a través del reconocimiento de las relaciones desiguales de poder entre varones y mujeres a través de la historia; antes, debemos hacernos conocedorxs de las nociones de sexo y género, de los derechos de cada persona a construir su identidad, a pertenecer o no a esquemas prestablecidos, de la posibilidad y existencia del no binarismo de género.

Podemos descubrir en la Educación Sexual Integral un espacio para reivindicar la heterogeneidad de los cuerpos, el cuidado, la privacidad y la consideración de la integridad física y psicológica; primero, en el plano personal y luego, y necesariamente, con nuestro entorno. Podemos reparar en nuestrxs menores y sus derechos, desandando la autoreferencia – adulta – asimétrica y atendiendo sus capacidades para valorar y decidir, considerando sus modos de sentir y construyendo a su lado.

Implementar ESI nos permite crear las bases para nuevas generaciones entre quienes prime el respeto, pero sobre todo, la celebración de la diversidad y la empatía por cada individuo, de manera íntegra y desinteresada. Debemos valorar la afectividad, ponerla sobre todas las cosas, crear y ayudar a crear vínculos sanos, ocuparnos de las conductas que llevan a situaciones de violencia, volver a dialogar y repensar el cómo tratamos la biografía de cada niño, niña y adolescente.

Las capacitaciones están a un clic de distancia, los cuadernillos del ministerio son muy útiles y gratuitos vía web para llevarlos, incluso impresos, a salas de profesorxs en cualquier punto del país.

En la tarea también toca la retroalimentación informativa entre equipos docentes, talleres hacia adentro y para con los grupos familiares vinculados a nuestrxs estudiantes. Llevados los contenidos al aula o al quehacer cotidiano enriquecen significativamente las experiencias, el diálogo y la formación continua.

La ESI no es un hecho aislado y nos presenta continuamente una oportunidad ¿estamos dispuestxs a dejarnos atravesar por la experiencia

Foto: ilustración de Alejandra Andreone

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