Investigadora y docente universitaria, Gabriela Larralde se especializó en el cruce entre narrativas para la infancia, género y diversidad*.

La escritora reflexiona sobre la importancia de la implementación de la Educación Sexual Integral en las escuelas y cuenta qué la llevó a dedicarse a la literatura infantil y juvenil.

Gabriela Larralde es periodista y escritora. Estudió en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y TEA.

Publicó las investigaciones Diversidad y género en la escuela,(Paidós, 2018), sobre cómo abordar la ESI desde la literatura para la infancia, y Los mundos posibles (Título, Blatt & Ríos, 2014), sobre literatura LGBTTTI para niños.

Publicó el libro de investigación sobre literatura infantil y juvenil Los mundos posibles (2014), y como autora de ficción, publicó el libro para la infancia Bestiario secreto de niñas malas (Planeta, 2018); el libro de cuentos Soluciones Quirúrgicas (2015) y los poemarios Las cosas que pasaron (2013) y Lo que el agua promete (2016). El poemario La trama materna acaba de publicarse por Caleta Olivia.

-¿Cuáles fueron tus referentes durante la carrera de investigación en la que decidiste dedicarte al tema de género en las infancias?

-Mis primeras referentes fueron mis profesoras de la carrera de Ciencias de la Comunicación (UBA) que se dedicaban a investigar género cuando yo cursaba: Carolina Justo Von Lurzer y Carolina Spataro. Junto con Silvia Elizalde crearon el Área de Comunicación, Géneros y Sexualidades.

Carolina Justo fue mi tutora de tesis y a través de ella conocí a Dora Barrancos. Lo bueno de las feministas es que una te lleva a otra. Así que a través de Dora conocí a Diana Maffia, Martha Rosenberg, Nelly Minyersky, Graciela Morgade, Lohana Berkins. Todas personas con las que luego pude compartir espacios de intercambios.

Investigando conocí también a Eleonor Faur (IDES) y a Valeria Llobet, con quienes hoy damos clases -junto con Silvia Elizalde. A través de Belén Igarzabal (FLACSO) conocí a María del Carmen Quiroga, especialista en género en ámbitos rurales, y tuve la suerte de reunir su enorme trabajo en un libro. Y la lista sigue con otras compañeras de generación como Laura Milano, especialista en porno disidente, y periodistas con las que di clases y viajé, de las que aprendo día a día, como Mariana Carbajal y Luciana Peker. Liliana Viola, como editora, fue clave también para mí. Poetas y escritoras como Diana Bellessi, Camila Villada Sosa, Gabi Cabezón Cámara, Claudia Masin, Flor Codagnone, Susy Shock… Y más, muchas más. 

-¿Cuánto hace que se volvió imperioso poner en agenda una nueva enseñanza sobre género, no sólo en las infancias sino en la sociedad en general?

-Desde la Revolución Francesa hay registros de mujeres denunciando las desigualdades en los derechos y en la enseñanza, y las primeras sufragistas son de finales del 1800… Así que desde hace por lo menos 150 años. Pero en Argentina sin duda hubo un antes y un después del primer Ni una Menos, en 2015, en cuanto a la masividad de un reclamo expresado en las calles y en las redes. La Ley de Educación Sexual Integral es de 2006, pero aún hoy se batalla su implementación. La ley Micaela es de 2018 pero ya está haciendo su recorrido.

-¿Cuál considerás que es el motivo por el cual recién ahora se está planteando la implementación de la ESI en las escuelas? ¿Cuánto tiempo crees que tome un cambio en las instituciones educativas respecto de este tema?

-En realidad el camino de la ESI comenzó en 2006 y tuvo momentos muy buenos en cuanto a implementación: capacitaciones a docentes y directivos/as, elaboración y entrega de contenidos virtuales y físicos, compras de libros a editoriales nacionales grandes y chicas, charlas, encuentros… Sin embargo el cambio de gobierno, puntualmente el gobierno de Cambiemos, desarticuló el trabajo que se hacía desde el programa a nivel nacional. Sin presupuesto y sin voluntad política la ESI no puede implementarse. Y es importantísimo, aún en pandemia, retomarla cuanto antes porque (la ESI) es un derecho de niños, niñas y adolescentes y por lo tanto un deber del Estado.

-¿Cómo llegaste a escribir literatura infantil?

-Creo que empecé a escribir porque primero leí -o me leyeron- libros que me generaron fascinación de chica. Tengo recuerdo de estar detenida escuchando algo que no quería que se termine. Existe en la literatura para las infancias una figura muy importante que es la del mediador o la mediadora. Al principio, antes de leer, te leen o te cuentan cuentos. En mi caso esas mediadoras fueron mi abuela materna Haydeé, que era especialista en cuentos de terror; mi mamá Aurelia, que inventaba historias de animales que pasaban siempre penurias; y la madrina de mi hermano – Cristina Canibano- librera de Biblos, una librería preciosa de General Villegas. Ella me regaló los libros de las grandes autoras que me formaron: Elsa Bornemann, María Teresa Andruetto, Silvia Schujer, Adela Basch, Graciela Beatriz Cabal… La poética de María Elena Walsh por supuesto, también. Y nunca dejé de leer esa literatura, así que fue algo natural que surgiera cuando empecé a escribir. Hoy todas esas autoras, muy queridas para mí, son parte de la bibliografía del taller Narrativas para las infancias, que dicto en la carrera Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes (UNA).

-¿Cómo elegís ilustrador o ilustradora?

-Es una elección difícil porque tiene que ser mutua. A mí, por ejemplo, me interesa alguien desde lo artístico y lo personal. Pero después esa persona tiene que interesarse en el libro que escribí, le tiene que decir algo a ella. Si le dice, el vínculo funciona, se construye una amistad y hay mutuo intercambio. Deja de ser mi proyecto y pasa a ser el proyecto de ambas. Esa apropiación es necesaria y a mí me hace feliz porque ya no estoy sola, somos dos autoras buscando un todo, juntas.

-Siendo poeta y escribiendo para un público infantil y juvenil, ¿te interesaría explorar el género para este público?

-Sí, aún no están publicados. Este año trabajamos un libro con Yael Frankel, sobre un poema largo que escribí para niños y niñas. Es un proyecto que me tiene muy entusiasmada. Y tengo otro en proceso también en clave poética, una historia sobre una nieta, una abuela y un rosal asesino. Creo que era inevitable porque me siento cómoda tanto en poesía como en narrativa. Pero cada género aparece cuando quiere. No es que me siento y digo voy a escribir un poema para niños… Nace ya una escritura, un tema, una búsqueda, que es un poema. Y al revés, lo mismo, nace un personaje que es de novela. 

*Publicado por el Ministerio de Cultura de la Nación

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