Escriben: Dr. Hernán Navarro (Presidente y Fundador de Grooming Argentina) y Patricia Dedominici (Coordinadora de la ONG en Córdoba).

Mientras el mundo entero enfrenta a la pandemia del coronavirus, desde nuestra institución queremos advertir y a la vez compartir el análisis del contexto que nos toca atravesar como sociedad acerca de la cuestión de la hiperconectividad que atraviesan las familias alterando sus dinámicas diarias, motivo de consultas y denuncias de distintas índoles cursadas a nuestra institución con fuerte preponderancia del delito de grooming, la práctica de sexting, fake news y phishing.

Es importante analizar el contexto en el cual estamos viviendo y plantearnos en perspectiva los desafíos y amenazas que se presentan casi en simultáneo, donde no solamente debemos analizar lo que transcurre en el mundo físico sino también lo que sucede en materia del mundo digital, escenario que hoy, todos y todas parecen ser más protagonistas.

Para ello hemos observado con detenimiento y preocupación el fenómeno de la hiperconectividad en niños, niñas y adolescentes en épocas de cuarentena y aislamiento social.

En Argentina el incremento de la conectividad es de entre un 20 y un 25 por ciento según datos de la Cámara Argentina de Internet (CABASE), donde este periodo de alta demanda y presencia frecuente de niños, niñas y adolescentes en los entornos digitales genera intranquilidad en el mundo adulto. Estos datos nos motivan a repensar estrategias y a llevar a cabo un análisis mucho más exhaustivo de la cuestión actual, donde estamos observando a raíz de la cuarentena el incremento de consultas por situaciones de Grooming, casos de Sexting, (práctica entre dos usuarios donde a través de cualquier plataforma tecnológica prevalece el intercambio de contenido sexual mediante imágenes, videos y/o texto) lo que origina una vez enviado este contenido la pérdida de control del material y el posterior riesgo de viralización de ese contenido, vulnerando el derecho al honor, a la imagen, a la integridad sexual entre otros.

No existe sexting seguro

Debemos resaltar que “No existe el Sexting seguro”, el riesgo de revictimización permanente que se originaría con la posterior viralización de los contenidos es un potencial desenlace en el denominador común de los casos, donde predominan incluso factores ajenos a la voluntad de la persona que recibe el material de querer compartirlo; Ejemplo: perder el dispositivo con las imágenes alojadas. Ante esto la pregunta es: ¿Qué beneficio supone atravesar semejante riesgo de revictimización constante? Máxime teniendo en cuenta la velocidad con la que se propaga la información y la capilaridad que la misma alcanza en cuestión de segundos.

El aislamiento social el cual estamos viviendo transcurre en términos físicos pero no en términos digitales donde en Internet desaparecen las fronteras. Para ello como familias y adultos responsables debemos incurrir en la imposición de normas de seguridad digital, de pautas claras, la fijación de horas de uso y el empleo de la supervisión y el monitoreo constante en la vida digital de nuestros hijos e hijas respecto de su actividad diaria en Internet. Debemos ir hacia la desintoxicación digital donde el coronavirus trajo nuevas y distintas amenazas en sí mismo, pero también nuevos desafíos que debemos traducir en oportunidades, depende de nosotros como sociedad. Si bien entendemos y apoyamos la necesidad de cambios de hábitos positivos para enfrentar la pandemia, también es crucial que exista un correlato en la utilización y en el empleo de esas herramientas de manera segura y responsable.

El aislamiento social se replica en cada hogar traduciéndose en aislamiento digital por parte de niños, niñas y adolescentes respecto de sus padres y madres.

Consecuencias

Ante el escenario de hiperconectividad estas pueden ser algunas de las consecuencias que pueden aparecer por el abuso excesivo de los dispositivos:

• Padecer ansiedad o síndrome de FOMO (miedo a estar perdiéndose algo, o quedar excluido de las redes sociales y/o tendencias del momento).

• Anular la creatividad.

• Pérdida de análisis crítico de la realidad, distorsiones cognitivas.

• Fomentar ese aislamiento, problemas de socialización.

• Generar comportamientos compulsivos.

• Aumentar el riesgo de sufrir depresión.

• Problemas de sueño.

Ante esto, es nuestra responsabilidad el hacernos conscientes de nuestra relación mediante la adquisición de hábitos que promuevan la utilización positiva y el pensamiento crítico en términos digitales, esto nos permitirá tener mayor control sobre el uso.

Limitar no es prohibir. Suena contradictorio que en tiempos donde todos y todas somos ciudadanos y ciudadanas digitales hablemos de términos como desintoxicación digital pero es hacia ese lugar donde nos debemos dirigir, no impulsados por una pandemia, sino en pos de velar por la seguridad del capital humano más importante que toda sociedad tiene que proteger: niños, niñas y adolescentes.

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