Escribe: Franco Salgado (Vicedirector Nivel Superior de la ESIL y Coord. del área de Investigación del Grupo Educativo Trinitario)

A raíz de las circunstancias que todos conocemos, casi de un día para el otro nos encontramos de cuarentena. La realidad nos obligó a crear nuevos hábitos de comportamiento social y está llevando a la humanidad (o a buena parte) a revisar sus prioridades y desafíos. En este contexto que parece ser sacado de una película de ciencia ficción, la educación no ha estado para nada ajena. La situación atravesó todos los campos de integración social y cultural; y la escuela, una vez más, siente los cimbronazos en lo más central de su esencia: el vínculo docente-estudiante.

Siempre se ha dicho que el sistema educativo no es el mejor ejemplo para mostrar las reacciones ante los cambios de paradigma de la sociedad. Muchas veces hemos escuchado que la medicina, la ciencia, la tecnología y hasta muchos aspectos de la cultura misma se han “adaptado” a los vaivenes sociales mil veces más rápido que la educación. Ésta, parecería ser la excepción a la regla. Las instituciones educativas sean del nivel y modalidad que fuera, han tenido que mudar sus funciones y procesos al plano virtual en menos de una semana.

En algunos casos, aunque no en todos, los recursos digitales ya son una dinámica conocida. En lo particular, en nuestra institución nos embarcamos en el desafío de adoptar plataformas virtuales allá por el 2015, pero la intención fue muy diferente a la cual nos obliga la situación actual. En el Nivel Inicial y Primario; la plataforma y el equipamiento áulico se constituyeron en recursos valiosos para la concreción del proyecto de educación en Competencias de Pensamiento Científico. En los Niveles Superiores de Formación Técnica y Docente, se implementaron para apoyar los procesos educativos del aula. En definitiva, se constituyó en una herramienta más que venía a complementar e impulsar la propuesta pedagógica. Poco a poco, los docentes fueron adquiriendo formación mientras que las familias y estudiantes incorporaron hábitos de tarea y comunicación institucional. Hoy ya es una realidad instalada en todos los niveles de la escuela. Sin embargo, aún con el camino ganado en muchas acciones y acuerdos adquiridos, lo acontecido en estos días nos llevó a buscar otras maneras para sustituir aquello que sigue siendo difícil de reemplazar: el vínculo personal y presencial. Las reuniones de planificación y de gestión debieron realizarse por video llamadas, se establecieron nuevos cronogramas de actividades, se generaron modos y técnicas de comunicación y enseñanza al igual que otras maneras de llegar a los estudiantes y colaborar en la contención en situación de aislamiento.

Algo sí es claro para todos los educadores: No estamos esperando que se levante la cuarentena para “enseñar de verdad”, estamos enseñando… bajo diferentes condiciones. Y aunque nos encontramos paradójicamente más lejos de nuestros alumnos, estamos deseosos y ocupados en estar más cerca que nunca. Y tenemos un nuevo desafío por delante: que estos hábitos que provienen de una nueva e inminente realidad, no se transformen en una simple anécdota y se incluyan, quizás de un modo más integral, a nuestras prácticas habituales. Está en nosotros si al final de este proceso, como educadores pero también como personas, retomamos nuestras rutinas y olvidamos los desafíos y prioridades que han emergido o tomamos de todo lo mejor y empezamos a pensar un mundo diferente.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here