Escribe: Susana Amblard (Psicóloga M.P.007 – M. esp. Cl.441- esp. Educ. 451. Especialista en Psicología Clínica y Educacional).

Ante esta eventualidad tan incierta como disruptiva, no podemos aventurarnos a especular con sus consecuencias y tanto menos las que recaerán sobre los chicos y la vuelta a clase.

No obstante, sí sabemos que ninguna contingencia opera aislada de la historia del sujeto, su contexto y su tiempo. En este sentido las manifestaciones conductuales, emocionales, psíquicas y del desarrollo que aparezcan en los chicos en la post cuarentena, no serán  producto de ella, sino de lo que ella dejó ver, de aquello que ya estaba y la contingencia facilitó su manifestación.

También sabemos que no es confiable ningún análisis que excluya el contexto cultural en el que se enmarque. Sus consecuencias recaerán en chicos siglo XXI, con uso de pantallas, con pobreza lúdica, con padres muy ocupados y ahora en casa, agendas superpobladas y ahora vacías y con tiempo destinado al consumo y ahora restringido. O sea en contextos de postmodernidad que nos atraviesan: culto por la imagen, presencia de lo efímero y fugaz, exacerbación del presente que reniega el pasado y descree del futuro.

Veníamos observando adultos con deseos de un niño para gozarlo, para disfrutarlo, destinatarios de frases tales como: disfruto el momento, lo malcrío un poco, lo que sirve hoy quien sabe mañana, no crezcas mi niño no crezcas jamás los grandes al mundo le hacen mucho mal (canción de Cabral), apropiación del cuerpo del placer (colecho, dependencia para hábitos de higiene, alimentación chatarra etc.) complicándole la salida a vínculos externos como la escuela, socializar con pares que no eligió, dificultándole el desarrollo de la capacidad de estar a solas y organizar la lógica del Yo/no yo (individualizarse) y espacio privado/espacio público entre otros obstáculos.

Para estar bien en la escuela y poder pensar, esperar y tolerar ser uno más entre sus compañeros/as, tienen que haber superado la necesidad de tener un adulto presente a disposición y la exigencia de ser mirados todo el tiempo. La capacidad de aliviar sus tensiones con recursos propios, (por ejemplo jugar a solas o buscar cómo salir del aburrimiento por sus propios medios), sólo la puede tener alguien a quien se le ha posibilitado espacio para desarrollar su independencia y sólo el adulto que renuncia a gozarlo le da estas chances. De este modo el niño acepta la exogamia, es decir, hacer el esfuerzo que significa entrar en lo público, en el espacio de todos.

La representación paradigmática del lugar al que su “majestad el bebé” del que nos habló Freud adviene, es la camarita del celular. Cada momento, cada escena, cada hora, cada minuto de su vida es captada por una foto que, por lo general tiene vigencia un momento y se desecha.

Nos preguntamos: una subjetividad que se va construyendo de esta manera, ¿cómo saldrá de la cuarentena?, porque en principio el encierro facilita el exceso de lo que venimos hablando.

Las galerías y álbumes de fotos de todos los tiempos han servido para pesquisar el lugar del niño en una cultura.

Hace treinta años (por arriesgar un parámetro), la camarita con el rollo de celuloide, se usaba (previa preparación de la escena) para perpetuar momentos significativos. Un cumpleaños, un día de campo, vacaciones, eventos escolares etc…, se captaba un tiempo: antes y después de…, y un espacio que separaba lo privado de lo público, una suerte de participación social, que luego se guardaba en un álbum y por siglos se podía seguir el hilo de una historia o mejor una biografía hecha de imágenes.

Los problemas en la escuela existían como hoy, pero eran otros. Los chicos llegaban a ella resignados a que ésta era un corte con la familia y debían aceptar las reglas de juego. Esto estaba claro. Su colegio, los introducía en el camino de lo común, de lo público, de aquello necesario en la formación ciudadana.

Entonces, ¿qué aspectos de esta endogamia se habrán acentuado en la convivencia larga del adentro? ¿O cuáles, por saturación, por hartazgo, por exceso, por ahogo se habrán resuelto? No sabemos. Ojalá el fin de esta tragedia genere ganas de volver a clases, a estar con otros ajenos a la familia, a necesitar de las instituciones.

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