A partir de la situación de emergencia sanitaria declarada por el gobierno nacional, en función de la Pandemia de COVID-19 desatada por la propagación del virus SARS-CoV-2, la Universidad Nacional de Villa María (UNVM) comenzó un proceso de adecuación a la virtualidad lo cual propicio el dictado de la Resolución Rectoral N° 097/2020 que declaro el estado de «excepcionalidad pedagógica”.

En la mencionada resolución el Consejo Superior de la UNVM resolvió  aprobar el protocolo de pautas y criterios para la adecuación de la toma de exámenes del turno  julio – agosto correspondiente al calendario académico 2020.

La decisión no fue bien recibida por varios educadores que consideraron que este turno de exámenes los encuentra en condiciones psicofísicas y económicas deterioradas y sin indicios de que la universidad provea de los elementos o espacios necesarios para el acto examinador.

Sin accesibilidad ni calidad educativa garantizada

Silvina Irusta, profesora en la Licenciatura en Ciencias Políticas, consideró que “los exámenes finales son instancias académico-pedagógicas de evaluación de contenidos obligatorios de las materias que necesitan acreditarse como un proceso de enseñanza-aprendizaje entre docentes y estudiantes” y agregó: “las carreras que dicta la universidad están pensadas y planificadas para la presencialidad de la cursada y de la evaluación respectiva”.

Los posicionamientos pueden diferir entre estudiantes y docentes, velando cada uno por sus propios intereses… “Pensar estos procesos como superposición de derechos es un grave error. La (re)solución dada por el consejo superior como excepcionalidad pedagógica supone un acompañamiento virtual de los docentes a los estudiantes mientras dure la pandemia, sin ningún tipo de garantías institucionales para ello”.

Los docentes vienen llevando a cabo las clases virtuales con sus propios recursos (tecnológicos, económicos, familiares, todo ello en contexto de encierro) y lo mismo sucede con los estudiantes, “ello ha provocado que muchos y muchas estudiantes de la UNVM no pudieran en estos tres meses acceder a la cursada y tampoco podrán hacerlo a los exámenes”, aseguró Irusta.

La pandemia ha golpeado a todos, aunque claramente no por igual… “tanto los derechos de los estudiantes, como de los trabajadores, han sido afectados en el marco de la pandemia y la resolución institucional sólo aumenta esa brecha y genera una grieta entre trabajadores y estudiantes (in)necesaria. Vale preguntarse entonces ¿a quién beneficia?”.

Esta resolución institucional otorga a los estudiantes la posibilidad de tener sus exámenes y sitúa a los educadores frente a esta responsabilidad y en este contexto. “No somos los docentes los que debemos garantizar los derechos legítimos de los estudiantes; una política académica seria y comprometida con la realidad de su comunidad universitaria es la garantía de los derechos de estudiantes y docentes. La ausencia de ella genera este tipo de conflicto de intereses”.

Así, muchos educadores vienen reconociendo que las instancias virtuales de cursado y evaluación no garantizan ningún derecho de accesibilidad ni de calidad educativa. Por tal motivo, Irusta invitó a las autoridades y a los representantes de todos los claustros a poner en marcha la imaginación para, protocolo sanitario mediante, restaurar los derechos de trabajadores y estudiantes”.

“La deshumanización virtual (…) es dolorosa”

Otra de las voces consultadas fue Virginia Ventura, docente en el profesorado y la licenciatura en Lengua y Literatura, quien comenzó esgrimiendo que “la UNVM es tan pequeña que todos podríamos participar en las decisiones, pero eso no ocurre, el grupo que decide no es muy diverso. Los estudiantes del consejo y espacios de militancia son los más favorecidos. Tienen la posibilidad de hacer política dejando fuera a los que no. El escenario de la pandemia acentuó todo. Los estudiantes con más dificultades de acceso son los que menos participan de la política universitaria y se toman decisiones sin consultarles, confinándolos aún más”.

La docente consultada observa a las clases virtuales como un paliativo y se manifiesta en contra de la virtualidad. “El trabajo es interminable, hay que corregir y corregir, conseguir todo el material nuevo porque el viejo no es digital y, cuando empezamos a encontrarle la vuelta, un grupo minoritario de alumnos reclama que se tomen los exámenes, y así como se hizo con las clases, sin preguntarnos a los profesores ni cómo, ni qué, se implementó un método”.

No hay consulta y tampoco provisión de todo aquello que puede resultar necesario para el docente. Se da por establecido que el profesor cuenta con los recursos tecnológicos necesarios y con un espacio acorde para el desarrollo de tal actividad.

“Los docentes estamos saturados, viviendo sola, tengo complicaciones para disponer de mi casa como espacio de examen. No es un aula. (…). Se decidió, sin consultarnos, no alterar el cronograma. Sin consultar a los trabajadores de las aulas, se decidió cómo dar clases. En pocos días se nos llenó de reglamentos y requisitos. En pocos días se simuló que se nos capacitó y que teníamos tutores. Y de la misma manera se quiere simular que en pocos días se ha resuelto el requerimiento de los exámenes (…)”.

Frente a este marco, lo preocupante al entender de Virginia “es cómo los alumnos han atentado contra los trabajadores, siendo que muchos están realizando carreras docentes. Han dilapidado los derechos de los docentes universitarios. ¿Cómo encaramos el mirar a los ojos a nuestros estudiantes luego de que nos apuñalan por la espalda? Difícil. Es doloroso y preocupante, un día estarán en nuestro lugar y ellos mismos habrán pisoteado sus derechos y acrecentado la brecha que separa a los que pueden rendir de los que no”.

“La deshumanización virtual que nos acecha es dolorosa, terrible (…). En tres meses no he logrado adaptarme a este estilo de trabajo que dista mucho de lo que amo: dar clases. Mucho más dista de la experiencia de aprendizaje que significa un examen”, concluyó Ventura.

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